Versos, apenas versos

Versos, apenas versos

Cuando, ya indigno de la empírea gracia,

Arrojado fué Adán del Paraíso,

En Eva la ocasión de su desgracia

Viendo, quejoso abandonarla quiso.

Pero los ojos plácidos de ella,

Flores de luz, vertieron suplicantes

Efluvios de ternura á tal querella

Y prendiéronse limpios dos brillantes.

Perlas de tanto precio no atesora

En la nacárea concha el mar de Oriente,

Ni con más gracia el llanto de la aurora

Presenta fresco lirio al sol naciente.

Al ver Adán en los turbados ojos

Las joyas con que el cielo orna á las flores,

Bendiciendo su culpa cae de hinojos,

Ya resignado á todos los dolores.