Versos, apenas versos
Cuando, ya indigno de la empírea gracia,
Arrojado fué Adán del Paraíso,
En Eva la ocasión de su desgracia
Viendo, quejoso abandonarla quiso.
Pero los ojos plácidos de ella,
Flores de luz, vertieron suplicantes
Efluvios de ternura á tal querella
Y prendiéronse limpios dos brillantes.
Perlas de tanto precio no atesora
En la nacárea concha el mar de Oriente,
Ni con más gracia el llanto de la aurora
Presenta fresco lirio al sol naciente.
Al ver Adán en los turbados ojos
Las joyas con que el cielo orna á las flores,
Bendiciendo su culpa cae de hinojos,
Ya resignado á todos los dolores.

